Una efímera ilusión, empaña el espejo en el que me miro todas las mañanas - no querer salir, no querer vivir- pero me peino con resignación, ensayo sonrisas para parecer más vital y me pongo los baqueros de siempre (esos que puse hace dos días encima de la silla de mi cuarto), alargo la mano izquierda hasta tocar la primera camiseta que hay en el armario (intento que sea lo más colorida posible, para evitar habladurías).
Las llaves reposan encima del mueble de la entrada junto al periódico de hace una semana, con dificultad introduzco la lleve en la cerradura y mientras se me inundan los ojos con el recuerdo de mi madre salgo por la puerta.
Desde hace una semana las gafas de sol han sido como la ropa interior- imprescindibles- no quiero que me reconozcan, no quiero que me compadezcan, no quiero seguir así.